Inicio Noticias (Opinión) La «revolución» era para servir, no para servirse de ella. Por Edgar Perdomo Arzola

(Opinión) La «revolución» era para servir, no para servirse de ella. Por Edgar Perdomo Arzola

Por Punto de Corte
Edgar Perdomo Arzola-

Caracas, 24 de abril de 2021

Recuerdo a Pepe Mujica, cuando anunció su retiro de la política, este destacado ciudadano dejó una  frase que vale  la pena ser recordada por estar empapada  de sueños, humildad, humanidad,  y responsabilidad social. Frase de José Mujica durante su retiro: “Tengo mi buena cantidad de defectos. Soy pasional. Pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. Aprendí una dura lección que me puso la vida: el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego, como el amor, pero el amor es creador, y el odio nos destruye”. Fin de la cita.

La política como la entendí, y me la enseñaron  era para ayudar, para servir a los demás, no para servirse del poder, cuando recuerdo  el proceso electoral que vivió Venezuela el 6 de diciembre del año 1998, donde resultó electo Hugo Chávez como presidente de la Republica..

El ya presidente electo se comprometió a recuperar la paz, y la tranquilidad, así como a generar más empleos que estuvieran mejor remunerados, para que la gente pudiera sostener de manera digna a sus familias. Asimismo, se comprometió a reducir las enormes desigualdades sociales. Ese fue uno de los principales slogan que se utilizaron en esa campaña electoral.

Se prometió mantener a raya al crimen organizado,  absolutamente al margen de la ley. El nuevo gobierno lo debía  combatir, y  garantizar que esa era la voluntad de la gente, la que prevaleció en esas elecciones.

También se prometió más  transparencia en el gasto, 22 años después observamos  las enormes carencias en el país.

La política se trata de ayudar, de servirles a los demás venezolanos, no de servirnos del poder.

Desde mis inicios como político siempre he buscado el bienestar general por encima del particular, preocupado por fortalecer principios, y valores que no han sido institucionales como el respeto, la honestidad, y la transparencia, ahora con 22 años en el poder  nuestro enfoque revolucionario ha cambiado, ahora  siendo regido por lo amoral, buscando impregnar en la sociedad un pensamiento diferente de ver el mundo, donde se enseña con los malos ejemplos que: “La revolución no era para servir, sino para servirse de ella”.

Es que precisamente esta consigna nos ha desorientado a lo largo de estos 22 años de inacciones políticas, donde siempre hemos buscado que los venezolanos vean una forma asquerosa, diferente, y perversa de actuar en lo público y a lo largo de todo este tiempo, muchas personas han visto reflejado en el día a día que esto no era mas que solo demagogias, sino que se han materializado en acciones macabras de miseria, y pobreza.

Precisamente en esta búsqueda constante, muchos venezolanos han comprendido que el problema en si no es la política, sino la falta de valores, la corrupción desmedida, la diáspora ha traído la destrucción  de los hogares, y la desunión familiar, ya que esto genera en nuestra sociedad un desorden que redunda en malas acciones, y en un ambiente de deshonestidad, que es el que hoy nos carcome, peor de la misma forma como se hacía antes de la revolución, puesto que nuestra sociedad se ha desmejorado. Así nos parezca un sacrilegio, nuestra Venezuela, hoy tiene mayor incomprensión del mundo político, tanto es, que hoy en día se denuncian las malas actuaciones públicas, y lo que se hace es proteger a los corruptos, y no se toman medidas, en los organismos de control, y los entes centralizados no supervisan el mal proceder político, que ha empeorado, y desmejorado su credibilidad, además de otros aportes como la no rendición de cuentas a la comunidad, y la visibilidad por parte de las personas en la contratación pública, entre otras malas practicas, claramente se marcha aceleradamente hacia  el barranco.                            

Lo anterior no era  precisamente el propósito de la revolución en 1998, y que ese proyecto político este socavando las acciones de cada uno de los valores de la democracia, cuando este trabajo se hace contra la población, lo peor es que sea en destrucción de la comunidad.

Hoy cuando ya hemos  retrocedido para no servir a la comunidad (Acuerdos Programáticos), permitiendo que nuestras ideas, y pensamientos sean tomadas por otros políticos, y representantes que en 1998 perdieron el poder, como el alacrán Brito, mucho se  ha criticado, y  manifestado que dejamos a un lado nuestros principios para actuar como la política tradicional llena de corrupción, sin embargo, he defendido  cada una de las instituciones donde esto no es así, por el contrario, mis  ideas para el bien de Venezuela, se  materializaran  más rápido, que tarde de esta forma aportamos de manera efectiva a la sociedad, cumpliendo las premisas de trabajar por los valores, la vocación del servicio, y la defensa de la vida.                                                                                                                 

He aprendido  del principio fundamental del servicio público. Que la política era el arte de servir a los demás, más nunca la actividad para servirse a uno mismo. Hoy quiero llamar la atención sobre esto. Quiero recordarles a muchos ‘líderes’ cual es la razón por la que hacemos política, y mejor aún, quisiera lograr abrirle los ojos a la gente para que evalúen a quienes los representan: ¿Sus líderes sirven al pueblo, o tienen al pueblo a su servicio?

Esto que parece lógico, en nuestro país lastimosamente no lo es. Hay quienes llegaron a la revolución pensando en hacerse ricos, y a esos les digo que se equivocaron de oficio. Hay otros que vinieron para gestionar sus propios negocios, y a esos los responsabilizo por condenar al país a su destrucción. Aunque parezca una fabula, otros se hacen elegir porque los seduce el poder, el mando, que les rindan pleitesía, les abran la puerta, los lleven, y los traigan, y les jalen bolas. De esos ni qué hablar, son una vergüenza aberrante.

Un servidor público no es un politiquero. Es un servicio que se hace con honor, con valor, con amor. La política no es una condición hereditaria, no es de castas, la política no es un status, la política es una vocación de servicio, sensibilidad humana, y  amplitud de criterios. La política no es para alimentar egos, es para alimentar el alma. ¡Como lo hace el suscrito!

Los líderes políticos, concejales, diputados,  y demás funcionarios del Estado deben estar conscientes, de que el único poder que tienen es el de impactar positiva o negativamente en la vida de los ciudadanos, al darles buena o mala calidad de vida. Hacer política no es fácil, se necesita tener vocación; porque tomar decisiones en la administración pública no es fácil, porque para construir sobre lo construido se necesita humildad, porque para entender que el único jefe de un político es el ciudadano, se necesita mantener la cordura, y no dejarse embriagar por el poder.

Todos los días vemos espectáculos insoportables en las redes sociales, como el de los alacranes depravados en el Estado Yaracuy, la tomografía de un país corrompido, y muy polarizado. Cuando uno analiza a fondo la situación se pregunta: ¿Los revolucionarios  están construyendo o están destruyendo? El uno insulta al otro, el otro llama come mierda, al otro, se sacan la madre, y los ciudadanos mientras tanto en la mitad; esperando mientras que los políticos-alacranes montan un espectáculo para seguir figurando, y los venezolanos se van distanciando de unos, y de otros, casi en esquinas diferentes, no tolerando tampoco a ningún “guaidosista” de la otra orilla. ¿Qué locura de país es este? ¿Cuál es la verdadera gestión de estos politiqueros de mal oficio? ¿La tienen?

Peor aún, llegamos al punto que el Estado está al servicio de un partido político militar, queriendo “castigar” a quienes no piensan como ellos, y quienes en algún momento han expresado su desacuerdo, con una visión ideológica totalitaria diferente. El Estado no es un cuartel, es un sistema para mejorar la calidad de vida de la gente, dejarlos con salarios de hambre, no vacunarlos contra el covid.19, es mezquino, criminal,  y desalmado.

Invito a toda la dirigencia política sensata, y honesta a reflexionar. Analizar, ¿Qué el no ponerse de acuerdo dejaran que el totalitarismo estalinista se eternice en el poder, y sigan destruyendo a Venezuela,  esto es lo que se quiere de los políticos sensatos? ¿No les han cambiado la vida  sus malas decisiones? No vale la pena seguir apostando por quienes nunca han mostrado un resultado distinto a ponerlos a su servicio para alimentar sus propios intereses. A esos, no hay que volverlos a mirar.

No vale la pena ni siquiera pensar en esos tuqueques, me alegro con lo que sucede en otros países como Israel, y Estados Unidos, quienes están logrando la “inmunidad del rebaño” al vacunar masivamente a su población,  pero ni siquiera podemos aprender las lecciones del progreso en esas naciones.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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